martes, 19 de noviembre de 2013
Shower time
A veces pienso.
A veces.
A veces pienso que...
A veces pienso que pienso demasiado.
A veces me deslumbro.
A veces me encumbro.
Tantas veces soy sombra.
A veces te hago dudar.
A veces es el mar. De dudas.
...and the living is easy.
domingo, 11 de agosto de 2013
Delicias 23
Siempre había soñado con tener un molinillo de colores en el balcón.
Con cortinas blancas que llegasen hasta el suelo y un permanente olor a vainilla.
Y lo cumplí.
Cada uno de los rincones de esta habitación es especial y necesitaba hacer hincapié en ello ya que mañana se empiezan a llevar mis cosas, parte de ellas empaquetadas al lado de la cómoda de cajones verdes.
Recuerdo cuando, aquel octubre, harta ya de mirar pisos y más pisos llegué a esta casa. Creo que lo que más me convenció, además del balcón, fueron los baldosines de este suelo desgastado pero, para mí, perfecto. Y, por supuesto, lo que me transmitió la gente, mis compañeros, mis amigos, mi familia.
Voy a echar mucho de menos las siestas con Rubén, los pitillos nocturnos e interminables de Rebeca y/o las lecciones de vida en la habitación de Patri. ¿Y a V? Esta tarde se acurrucó a mi lado en el sofá y no me dejó sola. Va a ser muy raro no oírle rascar la puerta cada mañana o que no me reciba al llegar.

Estas cuatro paredes están llenas de caras de personas que han pasado por aquí, cada una por un motivo diferente pero dejando su huella. Al igual que aquellas otras personas que nunca se dejaron caer pero que, igualmente, forman parte de las historias interminables de esta habitación.
Al igual que siempre había soñado con el molinillo también había soñado con la independencia. Llega por casualidad, antes de lo previsto pero tenía que ser así.
Sé que aún me quedan días aquí pero a partir de mañana ya no será lo mismo.
Siempre me quedará el rincón bohemio.
Y, ahora, me espera Malasaña.
lunes, 20 de mayo de 2013
Dziekuje
Hay personas que un buen día aparecen, que aparecen poco a poco. Comparten contigo amigos, albergue y acudes por casualidad a sus fiestas de cumpleaños.
Personas que te dan un abrazo cuando lloras por la noche en la barra de un bar y te escuchan, te escuchan todos los días; además de decirte poco diciéndolo todo recorriendo el paseo marítimo más largo de Europa o las interminables callejuelas de esta ciudad que tanto nos gusta. En marzo, en julio, en agosto, en Navidad, haga frío, llueva o cuando el asfalto arde.
De ese tipo de personas que te hacen acumular un montón de fotos de tortillas recién hechas porque se acuerdan de ti en el extranjero, en un piso muy alto, o en un hostal lleno de chinches.
Personas que te prestan su sudadera porque tu chaqueta está calada y que te abren la puerta de su casa a cualquier hora del día. Te ofrecen café aunque no sepan prepararlo y bajan el sonido de la televisión porque te has quedado dormida.
Quienes se despiden de ti todo el rato, aunque no les guste, pero cada día te reciben con más ganas.
Personas que, como tú, tienen todas esas cosas.
Personas que hacen que haber decidido salir de fiesta una víspera de Nochebuena merezca la pena; porque, aunque tú no lo sepas, es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.
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