domingo, 27 de abril de 2014

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Nunca fue recomendable pasear por Cibeles por la noche. Realmente, nunca fue recomendable perderte en la oscuridad luminosa de Madrid cuando el frío comienza a formar parte de los días pasados de invierno.
Porque te atrapa; corres el riesgo de querer hacerte dueño de Gran Vía y de sentarte a admirar el edificio Metrópolis.

No he visto mejores primaveras que estas, por mucho que pasen los años; ni me he sentado en mejores terrazas a ver caer el sol en la Plaza de los Carros para volver a casa bajando desde Antón Martín de la mano de Salitre o Santa Isabel.


Madrid, me cuestas. Cuesta arriba y cuesta abajo. En las alegrías y en las penas, en la salud y en la intensidad de mi vida hasta que, irremediablemente, los motivos nos separen.

Tus calles me han visto encontrar lo que soy y bajar la persiana del optimismo. Me encuentro cara a cara contigo, ofreciéndome lo peor y lo mejor de ti. Probablemente me podrías decir lo mismo pero prefiero que permanezcas en silencio y olvidemos lo malo. Porque lo bueno, lo mejor, es ahora y nadie mejor que tú me lo ha enseñado.



lunes, 17 de marzo de 2014

Noción


Nunca se me han dado bien las primaveras. Ni los veranos.
Quizá ninguna estación.

Puede que las estaciones no se asocien a árboles sin hojas o a las flores del almendro. Solamente a lo que uno quiera. O a lo que su mente le permita.

Qué difícil es explicar la necesidad de no escuchar música por formar parte de la banda sonora de mis pesadillas. O la dificultad de entender algo que no me deja respirar.

Quiero que se vaya el invierno. Y mi otoño junto a él.
Olvidarme del tiempo y el espacio para vivir sin calendario. Sin el de ayer.

Tengo una ristra de luces verdes en mi ventana.
¿Necesito algo más? Improvisar.



martes, 25 de febrero de 2014

26.2


Incógnita casi despejada.


Recuerdo una niña pequeña con bombín de mimbre, pelo rizo oscuro, riéndose mucho y durmiéndose en casi todas partes.
Muchas veces me preguntaba cómo sería llegar a ese día mágico. 
"Cuando cumpla 26 el 26...". 
Me lo imaginaba curioso, casi utópico y, sobre todo, muy lejano. Supongo que pensaba que mi vida sería de otra forma o, quizá, solo me sonreía viéndome dentro de mucho tiempo haciendo quien sabe qué cosas.
Siempre se me venía a la mente un sendero con árboles a los lados, sin fin; a la izquierda árboles de primavera y al otro lado árboles de invierno. Pero con sol, a pesar de pertenecer a un viernes gris y lluvioso.


Poco y mucho ha cambiado desde entonces. Y aunque creía que tendría la vida resuelta porque, claro, iba a ser muy mayor, me alegro de que no sea así. Nunca fue mi estilo y en el fondo siempre lo supe. Una loca divertida, alegre (y cascarrabias). Eso sí.

Para aquellos que dicen que desde aquí se pueden sentir los 30, les digo que mienten. Desde aquí yo no avisto nada, sigo siendo igual de pequeña.




Y, de repente, ese día es mañana.