miércoles, 15 de octubre de 2014

Calma


Llueve demasiado. 
Levantas la vista y observas la ventana de una buhardilla del edificio de enfrente. Desde aquí las gotas de lluvia parece que centellean sin parar.

Y aquí estás. 
Mirando a través de una ventana que crees familiar con el mismo jersey verde del otoño pasado y las sábanas de siempre. Pero con otra sensación.
Te preguntas cuántos años han pasado, en qué punto estás y no sólo del mapa.

Y no para. 
Y no solo es la lluvia. Eres tú, impaciente, queriendo acelerar el tiempo del reloj que cuelga de tu cuello pidiendo el mismo efecto que aquellas incesantes gotas de lluvia. 

Pero dime, ¿qué ocurre tras la tempestad?



sábado, 30 de agosto de 2014

No existen los malos días



Existen los abrazos a distancia y los trenes de cercanías.
Los recitales de poesía a la luz de incienso de colores.
Las conversaciones por la orilla de la playa de San Juan sobre un futuro que ya fue actualidad y un presente que lo superó con creces.

También existe un mes de agosto que no termina el treinta y uno sino el treinta. 
Y ese día entremedias se convierte en el único en que nos podemos permitir estar tristes.
Pero ni uno más.

Por eso hay que pintarse los labios de rojo todos los días del año.
Y seguir los consejos de las buenas amigas.



domingo, 27 de abril de 2014

4



Nunca fue recomendable pasear por Cibeles por la noche. Realmente, nunca fue recomendable perderte en la oscuridad luminosa de Madrid cuando el frío comienza a formar parte de los días pasados de invierno.
Porque te atrapa; corres el riesgo de querer hacerte dueño de Gran Vía y de sentarte a admirar el edificio Metrópolis.

No he visto mejores primaveras que estas, por mucho que pasen los años; ni me he sentado en mejores terrazas a ver caer el sol en la Plaza de los Carros para volver a casa bajando desde Antón Martín de la mano de Salitre o Santa Isabel.


Madrid, me cuestas. Cuesta arriba y cuesta abajo. En las alegrías y en las penas, en la salud y en la intensidad de mi vida hasta que, irremediablemente, los motivos nos separen.

Tus calles me han visto encontrar lo que soy y bajar la persiana del optimismo. Me encuentro cara a cara contigo, ofreciéndome lo peor y lo mejor de ti. Probablemente me podrías decir lo mismo pero prefiero que permanezcas en silencio y olvidemos lo malo. Porque lo bueno, lo mejor, es ahora y nadie mejor que tú me lo ha enseñado.